lunes, julio 24, 2006

LA VIOLENCIA Y SUS MÁSCARAS (I)

Escribe: Otto Boye

Así se tituló un libro que escribieron en 1978 Edison Otero y Jorge Millas, en el que cada uno aportó un ensayo propio. Lo publicó la editorial Aconcagua, que, en su tiempo, fue la sucesora "de facto" de la antigua Editorial del Pacífico. En esa obra, breve, pero densa, Millas, en su escrito "Las máscaras filosóficas de la violencia", penetra críticamente la opción violenta y nos deja, pienso, un legado sólido y duradero. Una entrevista publicada el domingo 16 de julio en El Mercurio, hecha a César Bunster, trajo a mi memoria la argumentación de Millas.

El filósofo Jorge Millas, para comenzar con él, denuncia las máscaras de la violencia, consistentes en explicaciones que esconden cualquier aspecto que pueda desacreditar su uso. Eso se hace siempre, según él, señalando una finalidad o valor que "trascienda" su negatividad, particularmente aquella negatividad siempre tan real y visible expresada en víctimas humanas (persona individual o grupo de personas). Trascendida la víctima, ella "no cuenta sino como obstáculo que se remueve, como cosa; más allá están los fines perseguidos, generalmente la destrucción de un orden social y, a veces también, la idea, utópica o no, de un orden nuevo", dice Millas. Subraya que el "resultado ético" del uso de la violencia es el mismo, sea cual sea la tendencia o intención de quien recurra a ella, pues "el sufrimiento de ciertos hombres ya no cuenta para otros hombres, en circunstancias que estos últimos tienen el privilegio de elegir y definir". Añade que siempre "confrontamos el hecho terrible de que en nombre de los valores que el propio hombre ha creado, el hombre concreto se convierte en algo que puede ¨trascenderse¨. Así se comprende que hagamos política, poesía lírica y hasta metafísica de la violencia, como si las víctimas no existieran, o, existiendo, carecieran de importancia o, teniéndola, fueran sólo factores abstractos de abstractas ecuaciones históricas". Precisando todavía más, Millas afirma: "hay unos hombres que en virtud del ¨necesario¨ sufrimiento que se les impone son convertidos en ¨medio¨, en puro expediente de los fines admitidos por quienes ejercen la violencia".

César Bunster participó en la operación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, FPMR, que intentó eliminar a Pinochet en septiembre de 1986. Fracasado el ataque a la caravana del dictador, que dejó a cinco escoltas muertos, logró sumergirse en la clandestinidad hasta que el delito por el que se lo juzgaba prescribió, lo que sucedió hace dos años. Ahora ha concedido una entrevista en la que explica algunas cosas. Sus reflexiones suscitan muchas otras. Haré, en el siguiente artículo, algunas referidas únicamente al tema de la violencia en la acción política, vistas a la luz de las premisas de Jorge Millas.

2 Comments:

At 10:55 p. m., Blogger José Luis Contreras Muñoz said...

Mis recuerdos de Edison Otero ,gran maestro de filosofía en el liceo de Aplicación.

 
At 4:53 p. m., Blogger Jorge Màrquez San Martìn said...

Hice mi tesis de licenciatura en filosofìa sobre el pensamiento polìtico de Jorge Millas. El texto mencionado en la columna fue escrito a fines de los 70, aspecto relevante si hablamos de la historia de Chile y su explicaciòn. Millas hablò -como siempre, como era su costumbre- fuerte, claro y antes que todos, contra la odiosa dictadura.
Pero es asì que este libro iba ahora sobre todo contra la violencia 'de izquierda', justificable pues tenìa como fin liberar al pueblo mayoritario de los crìmenes de los conservadores sanguinarios sin justificaciòn alguna.Toda violencia (armada, espiritual) es inmoral,injustificable, pero ademàs es inaplicable, y màs en la realidad tràgica de la dictadura terrible. Ese era su legado filosòfico, minucioso, eso y el discurso contra la constituciòn en el Caupolicàn el 80. Era de nuevo 'el aguafiestas'que dijo que debìa ser todo intelectual, todo real intelectual. Una idea mala es màs mala si se aplica. La violencia como respuesta e intento de salida de la barbarie era una idea equivocada.Su aplicaciòn màs aùn. Al parecer, la historia de Chile, de nuevo, le diò la razòn.

 

Publicar un comentario

<< Home